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Arte en Marruecos

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En un país donde lo nuevo y lo viejo viven una existencia de lo más paradójica pero armoniosa, dos cosas me resultaron fascinantes al visitarlo.

Uno: el mar de antenas parabólicas que pueblan esas magníficas terrazas de todos los hogares (al menos en las urbes), que nos habla de una sociedad y cultura bastante más “conectada” de lo que pudiéramos pensar.

Dos: que al preguntar a un marroquí de a pie por alguno de sus tesoros patrimoniales me respondiera con extrañeza: “¿Por qué quieres ir allí? Son sólo piedras”.

Tan cerca, tan lejos. Es una de las primeras sensaciones que uno tiene al aterrizar en Marruecos. Olores, colores y sensaciones que nos lleva de un paso al otro de lo más delicioso, a la cara más fea de nuestras percepciones. Ese encuentro entre dos mundos, entre dos tiempos, en ese país que no para, que mira hacia adelante y que, en cuanto a arte contemporáneo, no parece tan distinto.


Marruecos es un país en constante cambio. Y ha sido así desde el albor de sus días. Toda civilización nueva que llegaba al poder, arrasaba con los vestigios de la anterior, para que que no hubiese recuerdo de los que antes que ellos gobernaron. Aún así, sus habitantes han perpetuado y adaptado las distintas influencias, y por ello este es un país que guarda no pocos tesoros, del pasado, pero también del presente.

Buena muestra de ello son las iniciativas más recientes en cuanto arte contemporáneo. Podría contaros maravillas de sus palacios, medinas y riads o casas tradicionales (en su mayoría convertidas en pequeños hoteles boutique), pero creo que un breve recorrido por el devenir del arte contemporáneo marroquí, hará de estas líneas un texto algo más ameno (las visitas obligadas de tesoros pasados las encontraréis sin problemas en miles de guías o en las oficinas de turismo).

La situación casi fronteriza de Marruecos, como la gran puerta hacia Europa desde África que es, hace que su situación socio-política tenga un claro reflejo en todos los aspectos de la sociedad y, sobre todo, en su arte.

Uno de los proyectos más increíbles y, que si el viajero tiene la suerte de presenciar en el 2011, es el festival multidisciplinar de arte contemporáneo Les Transculturelles celebradas en el increíble marco de Les Abattoirs en Casablanca. Este antiguo matadero, reconvertido a fábrica cultural, alberga uno de los festivales más eclécticos y significativos de lo que es el arte y las prácticas artísticas contemporáneas en el norte de Africa. Performances, danza, arte audivisual, instalaciones, diseño y hasta competiciones de skate o breakdance, se muestran durante tres meses en la mítica ciudad de película y medina blanca. Además de ver el quién, cómo y donde del arte contemporáneo marroquí, también se generan debates, talleres y charlas que nos muestran como se lleva en el arte eso de ser un territorio “de paso”.

Toda esta iniciativa no habría sido posible sin el trabajo de la asociación Casamémoire, quienes se encargan de preservar el patrimonio cultural desde el siglo XX en adelante, conscientes de que vienen de una tradición que no toleraba dejar huellas de los que antes que ellos tuvieron poder. Afortunadamente este concepto esta cambiando entre los marroquíes actuales, quiénes han asimilado la mejor parte de su tradición: hibridar pasado y presente, tradición y modernidad, artesanía y nuevos medios.

Muestra de este momento artístico y consecuencia casi lógica de iniciativas como la anterior, han tenido su reflejo en la celebración de la primera Feria de Arte celebrada el pasado mes de octubre (2010) en Marrakech. La llamada ciudad roja, que acoge entre sus impresionantes murallas tesoros como el Palcio Badii o la Madrasa Ben Youssef, o el museo de la ciudad, que es una muestra de como pasado y presente se mezclan en un bucle inseparable, acogió a los galeristas y artistas que son los verdaderos impulsores del arte actual en Marruecos.

Si el visitante no tiene la suerte de coincidir con cualquiera de estos dos eventos, o con cualquiera de los más de 50 festivales de música, danza o arte que se van diseminando a lo largo del país y del año, puede acercarse a maneras más “estables” de conocer lo que se mueve en el arte actual marroquí.

En Marrakech puede acercarse al Museo de la ciudad, que muestra una mezcla de arte tradiconal, donde podrá ver la fundamental influencia en el arte y cultura marroquíes de las mal llamadas artes decorativas, y una buena muestra de arte del siglo XX. Si prefiere ver algo más actual, puede visitar las galerías Matisse Gallery, la Light Arts Gallery o La Qouba Galerie d'Art. Podrán apreciar las generaciones que abrieron paso a los más jóvenes, viendo como han ido hibridándose géneros y medios.

Pero si hay una ciudad que realmente muestre el cambio en las prácticas artísticas contemporáneas en Marruecos, esa es Casablanca. Su antigua y blanca medina, su clara influencia francesa en sus edificios art decó y las expansiones urbanísticas, que dejaron lugares emblemáticos como el mencionado Les Abattoirs, es uno de los mayores focos en cuanto arte contemporáneo se refiere. Una galería a tener muy en cuenta es Loft Art Gallery, regentada por dos hermanas de 29 y 26 años, que muestran a los artistas emergentes del momento, sin olvidar a la generación pseudo francesa que les abrió el camino. También merecen una visita la Gaerié Atelier 21, con algunos de los artistas más arriesgados del panorama actual marroquí, y el centro CCMAOA.

Si a alguien todavía no le quedo claro que en Marruecos no sólo visitará museos etnográficos y artesanales (increíbles y fundamentales para entender el complejo panorama del arte de este país cambiante), puede acercarse a los Museos de Arte Contemporáneo de Rabat, Casablanca y Tánger, ciudad realmente interesante en su condición de bisagra entre dos mundos, entre ese occidente y ese oriente que, cada día, vemos más desdibujados, en cuanto a arte se refiere.

También podría acercarse a la página del Collectif 212, grupo de artistas jóvenes que trabajan medios audiovisuales, electrónicos o híbridos, y entre los cuales encontrará la parte más conceptual del arte marroquí.

Vale la pena descubrir un lugar que, pese a su carácter destructivo en el pasado en cuanto a tesoros patrimoniales se refiere, ha sabido reconocer en sus rasgos culturales más ancestrales y en las nuevas aportaciones de esta “nuestra” nueva civilización global, un nuevo camino para mostrar al mundo su verdadero tesoro: su gente y lo que ellos nos muestran.

Lo dicho, más cerca de lo que pensamos hay un país que, pese a muchos prejuicios, es un auténtico hervidero de manifestaciones y movimientos culturales. Quizás sea por aquello de ser la puerta de Europa desde áfrica, pero la verdad es que Marruecos y su arte, el nuevo y el viejo, no os dejarán indiferentes, os lo aseguro.

Última actualización el Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 21:31

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